ESQUINA DULCE

ESQUINA DULCE :: Priorizando la calidad desde la materia prima

La historia de Esquina Dulce comienza con un hombre llamado Roberto Cantarello, en una industria petroquímica. En la década del 70, Roberto trabajaba como técnico químico y solía mantener largas conversaciones con un colega, Luis Catrare, quien además de trabajar allí tenía su propia heladería junto con su mujer.

Roberto se entusiasmó con el negocio y se aventuró a comenzar un emprendimiento propio. “Mi marido comenzó con un cuaderno de Ghelco, con una de sus fórmulas”, cuenta Graciela Torrieri, esposa de Roberto. “Después fue aprendiendo a balancear. Sigue siendo quien se ocupa de la fabricación”.

Así fue como Esquina Dulce, en ese entonces llamada Capicúa, comenzó a apostar al crecimiento del helado artesanal en la ciudad. “No comprabamos productos preparados para heladerías, hacíamos todo artesanal”, cuentan. Eran tiempos difíciles y los socios decidieron continuar por caminos separados. Roberto y Graciela comenzaron con el nombre de Esquina Dulce en la década del 80, cuando instalaron una heladería en Balcarce y 27 de Febrero. “El nombre se debe a que casualmente siempre conseguíamos locales en esquinas”, recuerda Graciela. “En un tiempo también estuvimos en Rioja y Paraguay. Siempre en esquinas”.

Hoy, Roberto Cantarello continúa cultivando su pasión por la elaboración de helado artesanal. “La materia prima que usamos los heladeros artesanales nos diferencia”, señala. “Nosotros no usamos preparados. Hoy hay máquinas a las que le podes inyectar una cierta cantidad de aire para que el helado quede más inflado y eso se nota en la pérdida de sabor”.

Esquina Dulce se maneja de una forma muy tradicional, prestando más atención al cuidado de la calidad del producto que a las cuestiones de marketing e imagen. Sus dos sucursales se encuentran en el corazón de Barrio Martin, uno de los barrios más bellos y simbólicos de la ciudad de Rosario. Se puede disfrutar de las instalaciones, que cuentan con mesas adentro y al aire libre, o se puede comprar el helado para degustarlo mientras se pasea por el Monumento a la Bandera y la costanera rosarina.

 

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